“El xooch o tecolote es un ave agorera, de malos presagios y cuando se le escucha cantar es porque anuncia que algo malo va a pasar o alguien va a morir”, señala el antropólogo e investigador Miguel Güemez Pineda.
Por eso se dice que el canto del xooch’ causa miedo a la gente. Este tipo de leyendas, indica el investigador, suelen despertar temor entre quien las escucha y se quedan fijas en la memoria, sobre todo cuando se conocen desde la infancia. “Cuando eres niño y escuchas estas leyendas sientes miedo, porque te entra la duda de si puede o no ser verdad”, dice.
Cuando se vive en una zona rural en la que este tipo de aves como el xooch’ habitan en mayor número, hay más zonas lúgubres, áreas deshabitadas o es común salir al campo a cazar o sembrar, las leyendas cobran mayor fuerza, porque se está rodeado del ambiente en el que suelen desarrollarse estas historias.
En la ciudad aún se advierte, aunque en menor medida, la costumbre de transmitir estas leyendas y contarlas al acercarse los días de muertos. Las leyendas y creencias en torno a la muerte aún están muy arraigadas en poblaciones del oriente del Estado, pero a veces sorprende el hecho de que en comunidades cercanas a la capital yucateca se observe que estas tradiciones todavía persisten en gran medida.
Por ejemplo, el antropólogo Güemez Pineda afirma que en lo que se refiere a las costumbres funerarias se suele rociar con agua el cadáver de la persona fallecida, para que el difunto se dé cuenta que ya no pertenece a este mundo y debe dejarlo.
Otra costumbre es cantar cuando el ataúd va a ser sacado del sitio donde se está velando al difunto para llevarlo al cementerio, pues, según dicen, si no lo hacen la persona permanece arrodillada rezando en el lugar. Con los cantos se supone que abandona la casa de manera tranquila y en paz.
Estos rituales post-mortem son parte de las tradiciones que perduran en torno a la costumbres funerarias. Las leyendas hacen eco no sólo a la muerte, sino a los fantasmas, espantos, aparecidos y espectros, entre otros.
El antropólogo Güemez indica que los niños disfrutan mucho cuando se les cuenta una leyenda maya, “es algo que les atrae”. Los cuentos y leyendas de miedo les encantan a los niños, afirma, y cuando se les cuenta una historia de éstas por primera vez, siempre hay el interés de escuchar otra.
Por eso, considera que continuar la tradición oral de las leyendas mayas es una tarea que no debería ser tan difícil, aunque se compite con el acceso que los menores tienen a los medios electrónicos. Quizá por ello es que las leyendas han empezado a caer en el olvido, pues investigadores han dado cuenta de que fue después de la década de 1960 cuando empezó a declinar su transmisión oral.
El investigador señala que hay cuentos y leyendas que nunca se olvidan. Por ejemplo, recuerda que en su natal Tzucacab hay un templo con un anexo y un gran patio, en el que se decía que por las noches se podía ver bailar a personas sin cabeza. Como él solía reunirse por las noches con sus amigos en el parque principal de la población tenía que cruzar frente al templo para irse a su casa. Tanto se escuchaba hablar de la aparición de los muertos sin cabeza en ese sitio, que esperaba que todos sus amigos se fueran para irse él a su casa y así poder respirar hondo, aspirar todo el aire posible y enseguida emprender la carrera lo más rápido que podía para alejarse del templo.
“Me imaginaba a los muertos bailando sin cabeza en el atrio del templo, y aún hoy cuando voy a Tzucacab y cruzo por ahí no puedo evitar pensar en eso”, revela.
Así como esta historia, hay otros cuentos y leyendas que hablan de la muerte, espantos y fantasmas, que son parte importante de la cultura de la región; deberían preservarse para que sean conocidas por las presentes y futuras generaciones.
Vocablos “Uay” se escucha decir con frecuencia entre los yucatecos cuando algo nos asusta; es algo natural que simplemente brota de nuestra garganta y que tiene su orígenes en los nombres ancestrales que se dieron a ciertos seres que causaban miedo a la población.
En realidad nuestro “uay” proviene del vocablo maya “wáay”, que antecedía al nombre que se daba a seres extraños que se asociaban con características de varios animales y que también tenían rasgos humanos.
Güemez Pineda, adscrito al Centro de Investigaciones Sociales de la Uady, indica que entre las leyendas se cuenta la de los “wáayes”, seres extraños que aterrorizaban a la población, como el wáaychivo, el wáaytamán, el wáayke’ek’, el wáaypoop, el wáaypach y el wáaykoot. Solían aparecerse por las noches y cometían toda clase de atrocidades.


me gusto mucho esta anecdota, yo tambien quisiera transmitirle todo esto a mi hijo. saludos. dani y jan.
PONGAN IMAGENES PARA COPIAR UN POCO SOBRE LAS LEYENDAS URBANAS
abransen pirobos que leyendas tan malas y se los digo en todo el sentido de la palabra ami personalmente me daria pena publicar lo que usteds hacen lo siento pero es verdad sorry
Bueno, entonces escríbele al Diario de Yucatán, que de allá se tomó la información y diles tu parecer, sobre todo al antropólogo porque ellos son quienes se dedican a eso. Saludos
ola pz la vrrd dile al dirio de yucatan q lo pub lique ya q ellos sacaron o se dieron la tarea de buscar la informacion jejejeje bueno pz me despido y pz
TE AMO PIPO
saludos
ola ami me gustan las leyendas de terror y pz esta m gusto muxo deben publicarla jeje saludos a telchac pblo.
escucho tekolotes cantar en mi cabeza