Panorama del hostigamiento escolar

Los hijos pueden ser víctimas o verdugos

El maltrato en el colegio consiste en agresiones niño-niño, es decir, unos intimidan a otros. Se manifiesta en amenazas, trato arisco, empujones, golpes, disponer de útiles o dinero; puede ser de índole emocional o física.

Las agresiones físicas pueden ser directas, como peleas, palizas o golpes, e indirectas, como el destrozo de materiales personales o pequeños robos.

Los padres pueden detectar si sus hijos son los “verdugos”, los que abusan o agreden a sus condiscípulos.

A veces llegan con objetos que no les pertenecen o se ufanan de haber conseguido algo de una manera no convencional… Además, al escuchar sus narraciones sobre su día hay que poner atención si en ellas hubo burlas, pleitos o actos similares.

Las agresiones o abusos de este tipo ocurren en diferentes niveles escolares y ámbitos de la vida diaria. Pero en los niveles escolares tempranos, como la guardería o el jardín de niños, no se puede decir que en la realización del acto esté presente el dolo.

En cada nivel los motivadores varían. Los niños de guardería suelen contar con pocos recursos para relacionarse, como el lenguaje limitado. Los de preescolar se encuentran en una etapa egocéntrica, lo cual les dificulta ponerse en el lugar de los otros. Los niños de primaria están en una etapa de laboriosidad que les impulsa a tener actitudes más competitivas que cooperativas, y los jóvenes se hallan en búsqueda de una identidad propia, así que suelen alejarse de los adultos y autorregularse como grupo.

Entre las repercusiones que tiene el maltrato escolar entre iguales destacan las siguientes: A corto plazo.— En el desenvolvimiento escolar, que abarca más allá del rendimiento académico, la víctima tal vez no rinda a su máximo potencial, y el victimario puede manifestar problemas de conducta y tener que asumir las consecuencias disciplinarias que cada escuela disponga.

A largo plazo.— En la formación de una personalidad, hábitos y el desempeño de un rol social polarizado, la víctima adquiriría timidez y falta de asertividad, y al victimario se le fomentarían conductas agresivas, que en ambos casos dificultarían su desenvolvimiento como adultos.

Los padres de familia pueden ayudar al niño, ya sea víctima o victimario, de varias formas. En el ámbito familiar se debe evitar el fomento de la rivalidad fraterna y aprovechar este ambiente para enseñar la manera óptima para relacionarse con los hermanos y/o amigos invitados.

También hay que estar en contacto directo con los responsables de la escuela para tener información oportuna y fomentar la comunicación con los hijos. Si padres y/o escuela considerasen que se rebasa el nivel socialmente aceptado y que ya agotaron las estrategias para afrontar la situación, lo mejor es buscar ayuda profesional.

Educación
RSS 2.0 | Trackback | Comentarios

Comenta

XHTML: Puedes utilizar estos tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>