y la “combi roja” una tradición en la 65
A bordo de una inconfundible combi roja, su compañera de 19 años de servicio, Felipe Omar Carrillo Canul se dice “El verdugo del hambre”. Y no es para menos, ya que este sitio, tradicional de la calle 65, es visitado por gente de todas partes del país para saciar su hambre.
Implacable a la hora de servir, Felipe ofrece ocho tipos diferentes de guisos y tortas, pero su especialidad, que le ha dado fama, son los tacos de pezuña.
“Este trabajo ha sido muy satisfactorio para nosotros porque la gente regresa a comer y eso nos motiva para no decaer en la calidad”, comenta.
Los comensales llegan de todas partes del interior del Estado y sureste del país, lo que ha dado un sinfín de historias y anécdotas.
“Hubo un grupo de muchachos que venían del Distrito Federal por recomendación de alguien y desde que probaron los tacos regresaron todos los días, se hicieron clientes asiduos”, dice.
Pero un caso que les sorprendió fue el de unos turcos que vivían en Cancún y que vinieron a Mérida para probar los tacos.
“Nunca sabemos quién nos recomienda. Dicen que la mejor publicidad es de boca en boca y eso nos sorprende a veces”.
Todo un “símbolo” La combi roja, que se estaciona de lunes a sábado sobre la calle 65, entre 48 y 50, “abre sus puertas” a partir de las 7 de la mañana.
El vehículo, modelo 1974, ha sido adaptado de manera especial para ofrecer comodidad a los comensales y a Felipe, quien junto con su hijo del mismo nombre, atienden el negocio familiar en cualquier tipo de clima.
“Tenemos un paraguas que nos protege y la puerta de atrás nos sirve también de protección”.
En el interior del vehículo tienen una nevera para ofrecer refrescos fríos y la parte trasera se modificó para dar cabida a las 8 charolas de comida. En un extremo se retiró una ventana y se colocó un “porta refrescos”, adaptado al espacio para mayor facilidad del cliente. En la otra ventana aparecen los precios.
Su jornada frente al negocio familiar termina a las 12 del día, pero al llegar a su domicilio, la labor continúa para adelantar la preparación del día siguiente, que comienza a las 2:30 de la madrugada, hora que Felipe se levanta para ofrecer guisos frescos.
“Algo que podemos garantizar a la gente es que toda la comida es del día. Nunca hemos ofrecido guisos del día anterior. Nunca ponemos en duda nuestra calidad porque eso significaría el fracaso”, dice.
A una pregunta, explica: “nosotros estamos en regla, pagamos nuestros impuestos y la cuota de derecho de piso, que es de $600. Lo único que no pagamos es luz porque no la ocupamos”.

