Espectáculo “muy bonito”

 Harper, Bush y Fox recorren Chichén en hora y media .

El fuerte viento de Yucatán rompió ayer el rígido protocolo de la visita a Chichén Itzá de los mandatarios de México, Estados Unidos y Canadá, Vicente Fox, George W. Bush y Stephen Harper, respectivamente. Bajo fuertes medidas de seguridad, los visitantes ingresaron a la zona arqueológica. Disfrutaban las jaranas que les ofrecía el Ballet Folclórico del Estado cuando el viento le quitó el sombrero a Rubén Balam Baeza, uno de los jaraneros. El presidente Bush ordenó a uno de sus agentes que recogiera la prenda y se la entregara. Cuando Bush tuvo el sombrero en las manos se acercó a la tarima y lo entregó personalmente a su propietario, quien se asombró ante ese gesto. También se sorprendió el resto de los integrantes del Ballet y de la Orquesta Jaranera que acompañó al grupo. “¡Muy bonito!”, dijo Bush en es-pañol cuando terminó el breve es-pectáculo, cuyo repertorio incluyó La Angaripola, Aires Yucatecos y Las Mujeres que se Pintan. El mandatario estadounidense invitó a los jaraneros a tomarse con él una fotografía frente al Templo del Jaguar, ubicado cerca de donde estuvo la tarima en la que actuó el ballet. —Después de la foto, el señor Bush nos dio las gracias y estrechó la mano a cada uno de los 12 elementos del grupo —relató Luis Burgos Domínguez, uno de los bailarines. —El presidente estadounidense se mostró complacido con nuestra actuación, pues vi que mientras bailábamos movía la cabeza para llevar el ritmo. —El primer ministro de Canadá también dijo que le agradó el espectáculo. Por su parte, el presidente Vicente Fox recordó que actuamos en el Festival Cervantino de Guanajuato. Recorrido Después de ese momento, los mandatarios siguieron su recorrido por la explanada de Chichén Itzá, donde observaron el Juego de Pelota, las plataformas de Venus y de Tigres y Águilas, el Templo de los Guerreros y el Castillo de Kukulcán. En deferencia a los tres visitantes, este último edificio lució sin la estructura de palos que protege las enormes cabezas de serpientes que rematan las escalinatas del Castillo. También se quitó una similar del Juego de Pelota. Los jefes de Estado tuvieron para sí solos la belleza de esos monumentos mayas, que admiraron guiados por la directora del Centro Regional del INAH, Federica Sodi Miranda, hermana de la cantante Thalía. La funcionaria los dejó solos cuando llegaron al Castillo de Kukulcán. Los mandatarios subieron algunas escalinatas del edificio, en cuya cúspide había francotiradores de élite de la Casa Blanca, todos vestidos de negro. La visita duró una hora, de 9:25 a 10:25, y fue atestiguada por un reducido grupo de periodistas de la ciudad de México y de agencias internacionales. Como en otras visitas de este nivel, no se permitió el paso de reporteros locales. Pasos cerrados Durante ese lapso se cerró a los vehículos la vía Mérida-Valladolid, en el tramo que atraviesa Chichén, y en su lugar se permitió el paso libre por la vía de cuota. Y se impidió el paso de personas desde Pisté hasta la división que lleva a los hoteles Mayaland, Hacienda Chichén y Club Med. Vendedores de artesanías y otras personas realizaron una protesta, que pasó inadvertida para los jefes de Estado, ya que los inconformes eran retenidos por una valla de seguridad muy lejos del acceso al parador turístico del sitio precolombino. A la zona arqueológica no entró el gobernador Patricio Patrón, quien recibió al presidente Fox en el aeropuerto de Kaua y viajó con él en helicóptero hasta la pista aérea de Chichén Itzá, donde aguardaron la llegada de varios helicópteros estadounidenses. En una de esas aeronaves llegaron Bush y Harper, procedentes de Cancún, donde pernoctaron. Después de dar la bienvenida a los dos jefes de Estado extranjeros, Patricio Patrón se retiró de la pista aérea y regresó a Mérida. Un hecho curioso que llamó la atención durante la visita es el misterioso pedido de última hora de 15 panuchos y 15 salbutes. Mientras los tres mandatarios recorrían los vestigios mayas, elementos del Estado Mayor Presidencial dejaban el sitio y se dirigían a toda prisa a Pisté. Entraron al restaurante Las Mestizas, propiedad de Jorge Ancona, y ordenaron preparar rápidamente los platillos argumentando que el presidente norteamericano quería probarlos. —Unos agentes entraron a la cocina para vigilar que se prepararan los panuchos y salbutes mientras otros pagaban los $400 de la cuenta —dijo Nicanora Dzib Puc, mesera del lugar. A fin de cuentas, las viandas no llegaron a su destino. A las 11 horas, después que se reabrió la carretera libre Mérida-Valladolid y comenzó el retiro de equipos, agentes y personal de la zona arqueológica, llegaron turistas que aguardaban para entrar a la zona arqueológica. El número de visitantes fue aumentando y con ello las presiones para reabrir el acceso al público, sobre todo después que los turistas vieron que se dejó pasar a los manifestantes con sus pancartas y subir con ellas al Castillo. Alvaro Chan Lugo, director de Cultur, y empleados del INAH intentaron infructuosamente localizar a la arqueóloga Federica Sodi, a fin de que ordenara reabrir. Pero ella estaba en el hotel Club Med, en la habitación 122. “Estoy descansando, llevo dos semanas trabajando sin parar”, indicó al Diario. “La zona arqueológica se reabrirá a las 13 horas, como estaba previsto”, añadió.— Hansel Vargas Aguilar

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